El día 2 de Mayo se celebra el Día Mundial Contra el Acoso Escolar, un grave problema que afecta a millones de escolares en todo el mundo, y que causa al menos 200 muertes en forma directa cada año. Esta iniciativa, nacida en el año 2013 fue aprobada por la UNESCO el mismo año, con el fin de ayudar a la concienciación de este problema.

El acoso escolar puede ocurrir física, verbal y/o socialmente. También puede darse a través de las redes sociales (en este caso hablamos de ciberacoso).

Las burlas, los insultos, los golpes, los gestos groseros, avergonzar a alguien por rumores o acciones, la exclusión reiterada y deliberada son diferentes formas de acoso.

Desafortunadamente, el alumnado con discapacidad, con necesidades educativas especiales, los alumnos/as migrantes y de minorías étnicas, son más propensos a sufrir acoso escolar.

De todas las discapacidades, el TEA es la discapacidad con más riesgo.

Estos chicos/as se convierten en objetivos para la intimidación y el acoso, debido a algunas de las características asociadas a este trastorno. Los niños y niñas con TEA son acosados por sus compañeros a un ritmo tres o cuatro veces mayor que los de sus compañeros sin discapacidad, con impactos negativos graves en el funcionamiento académico y en su salud mental, incluido un mayor riesgo de suicidio. (Adverse Childhood Experiences in Children with Autism Spectrum Disorder-Daniel W Hoover and Joan Kaufman, 2018)

Todos los centros educativos deben cumplir con una serie de obligaciones legales en lo que respecta al acoso. Tienen que implantar una política clara contra el acoso y tener un plan de actuación de cómo intervenir ante el acoso escolar. Sin embargo, no siempre se tienen en cuenta las necesidades del alumnado con necesidades educativas especiales (NEE) en general y con trastorno del espectro del autismo (TEA) en particular que tiene, de partida, una cierta vulnerabilidad. 

No todos los conflictos son acoso escolar. Pero tampoco debemos ignorarlos y pensar que son, simplemente “juegos de niños/as”.

La conflictividad normal se convierte en acoso cuando se cumplen estos tres criterios:

  1. Hay una situación de desigualdad entre quien acosa y la persona acosada. Hay una relación de desequilibrio de poder debido generalmente a que la persona que acosa es más fuerte en lo físico, en lo verbal o en lo social.
  2. Para hablar de acoso debe haber “Intención de dañar” (daño físico, verbal o psicológico). Quienes agreden suelen actuar con premeditación. Toman algo como excusa y buscan a la víctima con la intención de causarle miedo, angustia o daño, aunque pueden no ser conscientes de las consecuencias. 
  3. El tercer criterio que debe cumplirse es que sea repetido en el tiempo. Acciones que se repiten y prolongan durante cierto tiempo, con el riesgo de hacerse cada vez más graves.

Muchas personas con discapacidad, con TEA o con desconocimiento del idioma, no comunican que están siendo objeto de burla, de intimidación o acoso porque, simplemente no lo identifican como tal o no saben ponerle nombre.

Por eso es clave que profesorado, alumnado y familias sean capaces de identificar una situación de acoso y actuar de inmediato.

Entre todos debemos priorizar que nuestros hijos/as aprendan a resolver situaciones de una manera no violenta, sin imposiciones ni coacciones y a través de la negociación y la inclusión.

Si quieres saber más

Esta guía incluye claves para la prevención, la detección y un cuestionario para que las propias personas con TEA detecten y comuniquen situaciones de acoso.

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